viernes, 19 de febrero de 2010

Los muertos vivos



Vivir sin enterarse, existir por existir, sin darte cuenta de nada.
Después de todo esta vida no merece nuestra atención.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La pequeña dualidad

Dicen por ahí que dentro de todos nosotros habita un dios, y que este dios es mitad Dionisio y mitad uno mismo, por eso no hay dos dioses iguales y pienso que eso esta bien por que sino este mundo ademas de injusto y cruel pecaría de aburrido.
Me gusta pasar las tardes de sol tirado en la terraza pensando en mi dios, lo imagino esencialmente pequeño pero grande de espíritu, tiene mil formas y en ellas resumo la los complejos que me quitan el sueño. En los días calmados es un hombrecito flaco y contemplativo, un pescador varado en el medio de un mar que esta muerto, muerto de peces, de olas, de vientos de sonidos, de todo, pienso que duerme la mayor parte de esos días calmos pero de todos modos no me descuido por que con los dioses uno nunca sabe. Los días en los que me enojo mi dios crece un poco pero aparte de eso no se como describirlo por que usa una túnica con capucha, así que no le veo la cara, de todos modos se que la contorsiona del odio por que veo las columnas de humo que le salen de la cabeza. Así se pasa el día, pensando en lo mucho que odia y molesto por el calor que le da cuando se enoja, y si el enojo es justo veo que tiene alas, por eso sé que si el enojo no es justo más enojado se pone por que a mi dios le encanta pavonearse cuando tiene alas.
Si el día es largo el hambre pesa el doble, mi dios sabe esto y por eso cuando tengo hambre se revuelca malcriado, y de a ratos me hace creer que es un dragón o una bestia de 7 cabezas enorme e indomable, pero la ilusión dura poco por que yo se que es un lagarto grande y nada más y el gira sacando la lengua bífida y riéndose por que sabe que por un ratito me asuste, se ríe y no me dice nada, nunca hablamos Él y yo pero de a ratos nos entendemos. Yo no creo en dios per se pero este me cae simpático, pienso que no tenemos opción por que ni yo lo elegí a Él ni Él a mi pero somos los que somos y hace veinte años que nos aguantamos, yo lo quiero por que Él es mi pedacito de divinidad y Él tampoco se queja mucho por que al final del día yo siempre le llevo el apunte y mal que mal siempre caigo en sus diabluras.
A fin de cuentas de eso se trata, ¿no?