sábado, 27 de junio de 2009

Lazaro

Es un sentimiento de asfixia casi físico, como si me faltara el aire a todo momento y no pudiera volver a respirar, como si cada partícula de oxigeno alrededor mio se desvaneciera de pronto en la oscuridad que me rodea, únicamente por la cercanía con mi ser, casi una víctima de la discriminación del aire atrapado en este abismo de negrura comprimido en el que me encuentro, y aun así, pese a sentir que me ahogo por dentro, me mantengo vivo lo suficientemente consiente como para sentir los pormenores de mi agonía respiratoria, A esta sensación la acompaña un estado de invalidez completa, de encajonamiento total, estiro mis brazos pero una barrera invisible me impide moverlos, mis piernas están cegadas y mi cuerpo en general atraviesa una claustrofobia tal que siento como si estuviera acostado sobre una base dura y sobre mi se encontrara una capa rígida a centímetros de mi nariz. Apoyo mi mano sobre la pretendida superficie y juro que puedo sentirla como si estuviera ahí, mi cabeza siente el respaldo y mi cuerpo en general reposa sobre ella; se que me creerán loco, se que cualquier doctor, cualquier psiquiatra me diagnosticaría con algún tipo de complejo desorden mental pero yo estoy seguro de lo que me pasa, de lo que siento día a día desde que me despierto hasta que me duermo otra vez. No estoy loco lo juro, pero no le puedo decir a nadie lo que me pasa por que no hay nadie cerca, estoy atrapado en esta caja pretendida alrededor mio y no puedo divisar a nadie, ni oír ni sentir ni siquiera recordar a alguien. Ya hace mucho que deje de sentir desesperación por lo que me pasa, y ya hace mucho deje de esperar a que alguien llegue magicamente a buscarme simplemente por que se que no va a pasar se que voy a quedarme encerrado en mi ataúd por el resto de la eternidad, se que afuera dejaran de pensar en mi en algún momento y no quedara nadie para llorarme, quizás eso ya paso por que, sinceramente, ya no recuerdo cuando fue que esto comenzó, no recuerdo hace cuanto me desperté atrapado aquí dentro y sinceramente no creo que pueda recordarlo alguna vez. A estas alturas ya no puedo distinguir que es real y que no. Solo se que hace dias que siento como si me hubieran enterrado vivo.

sábado, 20 de junio de 2009

Volvi

Nuevo blog, nuevo contenido.


inmortal

Sentado en el mas impersonal de los antros, leyendo sin ganas se encuentra él, incómodamente recostado sobre un sillón de una barata imitacion de cuero, tomando un café frío y carente de cualquier tipo de significado, un café que no reconforta, sino que alienta la soledad, lo vuelve a es mas miserable a cada sorbo. Ve a los que pasan, los mira detenidamente en busca de algo mas allá de sus caras (que bien podrían ser mascaras vacías, piensa), pero la empatía lo esquiva, finalmente se sumerge de vuelta en su lectura, recorre esas paginas deseoso de algún impulso, de algún sentimiento, de algo que salga de la rutina que lo arranque de la realidad gris en la que vivía desde hacia tanto, atrapado en ese laberinto de concreto y cristal, donde la razón es ama y señora, y fundamentalmente donde los sentimientos han perecido uno a uno. El libro lo transporta, lo libera pero solo para meterse en una realidad que conoce demasiado bien, se siente traicionado por un autor que lleva tiempo muerto; de pronto ha viajado eones por los recodos de la mente y solo para meterse en la gris realidad de alguien mas. Desganado y exhausto sigue con la lectura, y de pronto cuando el mundo real le parece un vago recuerdo, un irónico "tal vez", se encuentra con una palabra, fría, pequeña, impersonal y sin embargo cargada de un sentimiento fuerte y vago al mismo tiempo, una sensación de pertenencia extraña, de pronto se siente igual que otros cientos, otros tantos que en algún momento de desahucio espiritual leyeron esa misma obra, esa misma palabra (aunque en diferentes libros y ediciones) y se sintieron parte de algo mas, quizás reencarnaciones renacidas en distintas eras, todos distintos y sin embargo iguales, como las eternas imágenes que se reflejan cuando dos espejos se oponen, el mismo cuadro multiplicado infinitas veces, curvandose cada vez mas hacia la locura, hacia reinos lejanos e irreales.
Por un instante su alma sirve a un
propósito mayor, de una manera silenciosa y mecánica absorbe cada palabra, ávido de este nuevo estado de ascensión, mas que un humano es un ente de otros tiempos, de otras realidades, reflejado en una infinidad de cuerpos a lo largo de la historia. Finalmente la realidad lo abraza de vuelta y él vuelve a un estado de conciencia normal, el libro yace inerte en sus manos y sus ojos no reflejan luz alguna, esta tieso, inmóvil, como muerto, y es que en realidad ha muerto, ha muerto y renacido incontables veces en un instante, se ha visto a si mismo en eras pasadas mas allá de la tiranía del tiempo y ahora el cuerpo espera que el alma se despida de sus otros "yos" y vuelva del abismo. A los pocos segundos (luego de un trance que bien pudo haber durado desde un par de instantes a unos cuantos milenos) el alma retorna, feliz y completa, él no ha aprendido nada nuevo, no ha cambiado en ningún aspecto pero ahora de manera inconsciente sabe que no esta solo, que nunca lo estuvo, tampoco esta acompañado, al menos no de la manera que reconforta a los humanos sino que se siente acompañado por si mismo, por sus miles de fragmentos de personalidad, sus miles de "yos" todos distintos y contrastantes pero parte del mismo ser.
Al volver en si termina el
café (que por cierto se había enfriado hasta niveles insospechados y había tomado un extraño sabor a madera), guarda sus cosas en el bolso, marca la pagina del libro con un bonito señalador de origen francés y se dispone a abandonar el lugar. Cuando se incorpora se acerca a es una muchacha de unos veintitantos que serenamente pregunta "el lugar lo dejas libre?", a lo que el responde "sí, nosotros nos estamos yendo".